El día que la laguna Carri Lauquen desató una furia incontenible

 In Prensa

R-DESTROZOS DEL AGUACMañana se cumplirá un siglo del momento en que se rompió una pared de ese espejo de agua, arrasando la avalancha todo lo que halló en el cauce del río Colorado.

Por David Roldán / droldan@lanueva.com

El 29 de diciembre de 1914, tal vez haya amanecido con un cielo claro y una temperatura por demás agradable, propia de la época, a lo largo de la cuenca del río Colorado.

Y, quizás, también, todos los pobladores que vivían en los asentamientos situados en las inmediaciones o los afincados a un paso del cauce, estarían recordando la Navidad y haciendo planes para 1915.

Nadie, posiblemente, sospecharía que en pocas horas, la vida cambiaría rotundamente, al punto tal de acorrararlos contra la muerte o, directamente, condenarlos a ella.

Ese 29, a las 4 de la tarde, más o menos, un rugido ensordecedor irrumpió en medio del silencio de la zona precordillerana.

Fue cuando una inmensa pared natural que formaba la cara oriental de la laguna Carri Lauquen, en medio del río Barrancas, no pudo contener más una tremenda masa de agua de 22 kilómetros de largo por 100 metros de altura.

Y allí se desató la tragedia.

Incontenibles, unos 2 mil millones de metros cúbicos comenzaron un andar desenfrenados en busca de la pendiente, llevándose consigo todo lo que encontraba a su paso.

“Anteanoche reventó laguna Carri Lauquen. Enorme avenida de agua arrasa valle del río. Asegúrese”.

Este, telegrama providencial, quizás haya sido la única noticia para el mundo civilizado de lo que estaba ocurriendo en la zona cordillera.

Que habrá servido, solo a los que estaban más alejados, para tomar alguna precaución, aunque mínima.

O pensar en marcharse, seguramente sin poder magnificar lo que se venía, en tanto llevaba al final a quienes tomaba desprevenidos .

¿Cómo escapar de una ola que llegó a las 5 leguas –25 kilómetros– de ancho por casi 100 metros de altura? Imposible.

“La ola pasó por Barrancas, a las 10 horas del mismo día”, admite el informe del ingeniero S. Blencowe, quien encabezó una expedición posterior del Ferrocarril Sud, para determinar las causas del suceso.

Eleuterio Palomo llegó a relatar que en el amanecer del 30 de diciembre fueron sorprendidos por un estruendo prolongado, advirtiendo primero una densa polvadera y, detrás, una muralla de agua que arrasaba todo.

Su familia lo siguió, pero enseguida todos fueron arrastrados. El consiguió flotar sobre un tronco y quedar en un médanos. El 31 volvió a sus pagos y no halló a nadie. Menos, a su rancho en pie…

La inundación continuó con su avance desenfrenado, derribando postes, alambrados, casas, carros y dispersando a quienes pudieron huir a tiempo.

El pico de la creciente llegó después del 6 de enero a Río Colorado y Buena Parada y de inmediato todo se fue inundando.

“A eso de las 7 de la mañana de ese día nefasto, sentimos los vecinos algo así como el rumor de un lejano cañoneo o un volcán agitado, sordo, feroz, amenazante”, relataba un vecino del pueblo.

“De pronto el río saltó hacia arriba, salió de madre e invadió al campo y la localidad. La tierra comenzó a desaparecer y las calles y casas, a llenarse de agua”, acotaba.

Los relatos, que emocionan, definen la imagen más clara de la tragedia.

“Fue muy triste, porque además de ver animales muertos y ver que el agua se llevaba todo, vimos pasar, ya ahogados, algunos cuerpos, entre ellos el de la hija de un vecino con quienes habíamos pasado juntos las Fiestas…”, decía Eugenio Baladrón.

A la postre, la población huyó con lo que tenía puesto y los menos pudieron sacar algunas pertenencias, resignados a dejar a merced de la masa incontenible del agua lo que tanto sacrificio había demandado conseguir.

Cien años después de aquel drama hemos podido ver, personalmente, cómo la laguna se muestra mansa.

Así como recibe agua de las nacientes del Barrancas, las devuelve para formar, junto al Grande, el río Colorado.

A 90 metros de altura, se distingue una línea clara, sobre la roca oscura. Hasta allí llegaba la Carri Lauquen, hasta que se rompió una pared natural y llegó el drama…

Otros apuntes

Testimonios sorprendentes de una tragedia

Primeras víctimas. “En las colonias Peñas Blancas y 25 de Mayo, que forman parte de los territorios de Río Negro y Pampa Central, respectivamente, se perdieron 110 vidas, mientras que otras 25 se ahogaron cerca de la (laguna) Carri Lauquen y otras 50 en territorio mendocino”.

Llega el ferrocarril. “Al llegar a Buena Parada (Arturo Coleman y su gente) se encontraron con la estación llena de gente que pedía salir a un sitio sin peligro y el cuadro de las pobres familias eran ciertamente impresionante”, decía el corresponsal del diario “La Nación”.

Una tragedia. “Pueblos destruidos, vías férreas cortadas, viviendas arrasadas cruelmente por los ímpetus ciegos de la naturaleza y, por encima de todo esto, para remate de tanto estrago, muchas vidas perdidas. El cuadro tenía relieves de tragedia”, decía otro testigo.

Segundo afluente. El Barrancas es el segundo afluente, en orden de importancia, del río Colorado. El principal es el río Grande.

La cifra dramática

300

personas muertas. Este fue, estimativamente, el resultado de la gran avalancha de agua en toda la cuenca. Existe la sospecha de que pudieron ser más los pobladores que fallecieron arrastrados por la corriente, en su paso cargado de violencia.

Fuente: La Nueva Provincia

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