EL VALLE BONAERENSE DEL COLORADO NECESITA DE UNA TEMPORADA MEJOR

 In Prensa

rio colorado

 La falta de nieve ha venido jugando una mala pasada a toda la cuenca del río Colorado.

Es que se atraviesa por una de las etapas más críticas, acaso sin antecedentes en muchas décadas a esta parte.

Claro está que si no hay nieve, no existe forma de que el Colorado, que es uno de los cursos de agua más importante de la Patagonia, tenga la indispensable provisión de caudales.

Al primer ciclo seco se lo consideró excepcional. Sin embargo, se sumó otro, otro y varios más con iguales características.

Fue una sucesión de inviernos que poco han tenido que ver con los que caracterizaron al sur del territorio argentino.

Al punto tal que, lamentablemente, se terminó por consumir los grandes volúmenes que se habían acumulado,lenta, pero inexorablemente, detrás de la muralla que constituye Casa de Piedra.

Encontrándonos con imágenes que se llegaron a semejar a las que pudieron tomarse allá por la década de los 90, cuando, tras la conclusión del dique, se inició el proceso de llenado del gran lago que cambió la fisonomía de una región de esta cuenca.

Así, junto con el descenso de los niveles, hasta comenzaron a aparecer islotes en distintas partes, mientras las orillas del espejo hídrico, cada vez se distanciaban más de los “límites” que el mismo agua había establecido en su etapa de crecimiento.

Afortunadamente, la situación que se produjo, no pasó inadvertida para los distintos sectores vinculados con el río.

Y así fue que, con una iniciativa centralizada en el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco) no sólo se fueron haciendo evaluaciones periódicas de lo que sucedía, sino que comenzaron a tomarse decisiones que tendían a enfrentar lo que pasó a ser una verdadera crisis.

Esto fue así, desde el primer momento en que se advirtió que la sequía no era un hecho circunstancial, sino que había llegado para quedarse.

Aún hoy, nadie puede decir, a ciencia cierta, qué es lo que podrá pasar en el invierno venidero a instancias, inclusive, de un cambio de las condiciones climáticas que elevan las temperaturas más allá de lo tradicional.

Y, claro está, si no llega el frío, probablemente tampoco habrán de llegar las tan ansiadas nevadas en la cuenca que abastece de caudales al río, en especial en la zona del río Grande, principal afluente con orígenes en la provincia de Mendoza.

Lo importante es que, tratando de no dejar nada librado a lo que la Naturaleza pudiese decidir, más allá de que su comportamiento es vital en la vida de los hombres, es permanente el análisis de la situación.

La regulación del uso de los caudales ha sido factor preponderante para que se pudiesen paliar, en alguna medida, los ciclos magros.

Y en el valle bonaerense administrado por Corfo, principal demandante de agua, se centralizaron también distintas acciones que posibilitaron una recuperación.

Dos temporadas ricas en lluvias, en distintos momentos, llevaron a tomar la decisión de achicar las demandas, de cerrar en parte las compuertas y así fue como la altura del lago, poco a poco, se elevó.

No quedaba otra salida, es cierto, porque el último año, también fue seco.

En forma paralela, los productores tomaron rápida conciencia de que la crisis había llegado para quedarse. Y aceptaron la sugerencia de analizar con cuidado los programas de producción, tratando de achicar, al máximo, las áreas a regar.

Hoy el Colorado no parece un río sino un arroyo.

Pues bien, esto también permitirá guardar más caudales, a la espera de que la sequía de tantos años, en esta temporada se revierta.

Ojalá que el deseo se convierta en realidad.


Fuente: David Roldán/La Nueva.

Junio de 2015

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