YA SE RECUPERAN LAS RESERVAS DE AGUA PARA UNA ZONA PRODUCTIVA

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David Roldán/La Nueva.

No es mucha la distancia que separa a Bahía Blanca de la principal zona de riego de la provincia de Buenos Aires y una de las más trascendentes de la Argentina.
Sin embargo, el valle bonaerense del río Colorado no es conocido por una importante franja de la población y tampoco ha tenido el debido reconocimiento en distintos espacios de los gobiernos provinciales que se han sucedido.
Lo cual no quiere decir que haya pasado inadvertida, sino que en algunas ocasiones ha faltado un acompañamiento a las necesidades imprescindibles para un desarrollo armonioso.
Son más de 500 mil hectáreas que potencialmente son factibles de regar y hacer producir.
Claro que se está muy lejos de llegar a esa extensión, porque faltan obras de infraestructura básica para arrimar el agua que el río Colorado acerca desde sus nacientes, en la cordillera de Los Andes.
Pues bien, lo que está cubierto por esos servicios son unas 140 mil hectáreas, extensión que en los últimos años se ha reducido, como consecuencia de la notable depresión que tuvieron las precipitaciones níveas.
Hubo poca nieve; hubo menos agua y, entonces, resultó imprescindible un análisis minucioso de las posibilidades que existían.
Para lo cual se necesitó de una coordinación específica en el seno del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco), organismo donde están representadas las cinco provincias ribereñas (Buenos Aires, La Pampa, Río Negro, Neuquén y Mendoza), así como el gobierno nacional.
Se tuvo que enfrentar una caída en los caudales que no tenía precedentes, al menos desde que se creó ese organismo, hace cuatro décadas.
Tal vez el único aspecto favorable con que se contaba, era la existencia de un dique, Casa de Piedra, que con creces ha cumplido en esta oportunidad el principal objetivo para el que se construyó: regular los caudales.
Se trataba de retener, detrás de su estructura, los excedentes y proveer, en la medida de las necesidades y las posibilidades, volúmenes para el riego, rubro que más demanda agua (98% de lo que escurre).
Desde el período 2010/11, cuando comenzó este proceso en el que la naturaleza fue más mezquina que nunca, el lago Casa de Piedra perdió nada más y nada menos que 7 metros.
La coordinación entre la gente del Coirco, a la que se sumó la actitud positiva por parte de los productores, permitió restringir las erogaciones, procurándose una entrega mínima para el desarrollo de los cultivos.
Porque, cierto es, se trataba de no afectar los ciclos económicos pero, a la vez, retener, cuando se pudiese (momentos de lluvia en los valles) para que el lago no termine impidiendo emprender las campañas venideras.
Llegó la veda de 20 metros cúbicos por segundo circulando por el río. Después la de 15 metros cúbicos por segundo.
Estas y otras medidas son las que permitieron (ayudadas por un último año de nevadas  algo superior a los anteriores, aunque sin llegar a la media), que se hayan recuperado 3 de aquellos 7 metros perdidos en Casa de Piedra.
El próximo invierno tendrá la palabra acerca de lo que se viene.
Por lo pronto, se pudo demostrar que entre los sectores involucrados se pueden concretar acciones que beneficien a todos.
Sin precedentes
La crisis hídrica que se inició en el período 2010/11 en la cuenca del río Colorado no tenía precedentes, al menos en las últimas décadas. Afortunadamente en el último invierno las nevadas se recuperaron y también, merced a una buena coordinación, creció el nivel del lago Casa de Piedra.

Cebolla y mucho más
Cierto es que la cebolla constituye el principal cultivo intensivo en el valle bonaerense administrado por Corfo, dando mano de obra y trabajo a miles de personas. De todas maneras, también se producen pasturas, semillas de girasol, maíz y trigo y está en aumento el número de tambos.

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